Bestseller internacional y muy admirado clásico de la literatura latinoamericana, la trascendental novela de Isabel Allende cuenta la historia épica de la numerosa y turbulenta familia Trueba de Chile, con su patriarca angustiado y sus mujeres clarividentes, trazando sus vidas desde los fines del siglo pasado, hasta los días violentos del golpe que derrocó al gobierno de Salvador Allende en 1973. En La casa de los espíritus , Allende combina lo supernatural con lo real en una versión sumamente personal de realismo mágico. Es raro, el caso, en que una primera novela lanza a su autora tan repentinamente al foro internacionales. "Emocionante y ponderosa.... La casa de los espiritus está repleta de mujeres maravillosas e inolvidables, que confieren una dimensión especial al libro." -- -- Christian Science Monitor "Un romance tan extenso como regocijador." -- -- Newsweek House of the Spirits in Spanish by Isabel Allende. Isabel Allende is the author of twelve works of fiction, including the New York Times bestsellers Maya’s Notebook, Island Beneath the Sea, Inés of My Soul, Daughter of Fortune , and a novel that has become a world-renowned classic, T he House of the Spirits . Born in Peru and raised in Chile, she lives in California. La Casa de Los Espiritus By Allende, Isabel Rayo Copyright ©2004 Isabel Allende All right reserved. ISBN: 0060951303 CAPíTULO PRIMERO ROSA, LA BELLA Barrabá llegó a la familia por vía marítima, anotó la niña Clara con su delicada caligrafía. Ya entonces tenía el hábito de escribir las cosas importantes y más tarde, cuando se quedó muda, escribía también las trivialidades, sin sospechar que cincuenta años después, sus cuadernos me servirían para rescatar la memoria del pasado y para sobrevivir a mi propio espanto. El día que llegó Barrabás era Jueves Santo. Venía en una jaula indigna, cubierto de sus propios excrementos y orines, con una mirada extraviada de preso miserable e indefenso, pero ya se adivinaba--por el porte real de su cabeza y el tamaño de su esqueleto-- el gigante legendario que llegó a ser. Aquél era un día aburrido y otoñal, que en nada presagiaba los acontecimientos que la niña escribió para que fueran recordados y que ocurneron durante la misa de doce, en la parroquia de San Sebastián, a la cual asistió con toda su familia. En señal de duelo, los santos estaban tapados con trapos morados, que las beatas desempolvaban anualmente del ropero de la sacristía, y bajo las sábanas de luto, la corte celestial parecía un amasijo de muebles esperando la mudanza, sin que las velas, el incienso o los gemidos del órgano, pudieran contrarrestar ese lamentable efecto. Se erguían amenazantes bultos oscuros en el lugar de los santos de cuerpo entero, con sus rostros idénticos de expresión constipada, sus elaboradas pelucas de cabello de muerto, sus rubíes, sus perlas, sus esmeraldas de vidrio pintado y sus vestuarios de nobles florentinos. El único favorecido con el luto era el patrono de la iglesia, san Sebastián, porque en Semana Santa le ahorraba a los fieles el espectáculo de su cuerpo torcido en Una postura indecente, atravesado por media docena de flechas, chorreando sangre y lágrimas, como un homosexual sufriente, cuyas Ilagas, milagrosamente frescas gracias al pincel del padre Restrepo, hacían estremecer de asco a Clara. Era ésa una larga semana de penitencia y de ayuno, no se jugaba baraja, no se tocaba música que incitara a la lujuria o al olvido y se observaba, dentro de lo posible, la mayor tristeza y castidad, a pesar de que justamente en esos días, el aguijonazo del demonio tentaba con mayor insistencia la débil carne católica. El ayuno consistía en suaves pasteles de hojaldre, sabrosos guisos de verdura, esponjosas tortillas y grandes quesos traídos del campo, con los que las familias recordaban la Pasión del Señor, cuidandóse de no probar ni el más pequeño trozo de carne o de pescado, bajo pena de excomunión, como insistía el padre Restrepo. Nadie se habría atrevido a desobedecerle. El sacerdote estaba provisto de un largo dedo incriminador para apuntar a los pecadores en público y Una lengua entrenada para alborotar los sentimientos. --¡Tú, ladrón que has robado el dinero del culto¡ --gritaba desde el púlpito señalando a un caballero que fingí afanarse en Una pelusa de su solapa para no darle la cara--. ¡Tú, desvergonzada que te prostituyes en los muelles! --y acusaba a doña Ester Trueba, inválida debido a la artritis y beata de la Virgen del Carmen, que abría los ojos sorprendida, sin saber el significado de aquella palabra ni dónde quedaban los muelles--. ¡Arrepentíos, pecadores, inmunda carroña, indignos del sacrificio de Nuestro Señor! ¡Ayunad! ¡Haced penitencia!. Llevado por el entusiasmo de su celo vocacional, el sacerdote debía contenerse para no entrar en abierta desobediencia con las instrucciones de sus superiores eclesiásticos, sacudidos por vientos de modernismo, que se oponían al cilicio y a la flagelación. Él era partid
| Gtin | 09780060951306 |
| Age_group | ADULT |
| Condition | NEW |
| Gender | UNISEX |
| Product_category | Gl_book |
| Google_product_category | Media > Books |
| Product_type | Books > Subjects > Literature & Fiction > World Literature > European > Spanish & Portuguese |